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martes, 16 de febrero de 2016

Tiempo de estreno.

¿Podemos estrenar vidas nuevas? Quizá sí o quizá no. Quizá cada etapa alcanzada es el fin de una vida y cada punto de salida hacia la meta siguiente es el principio de otra diferente, enriquecida con el sedimento de lo aprendido, curiosa y expectante ante los acontecimientos futuros. Hay quien se pasa la vida esperando, hay quien nunca espera nada y hay quien siempre lo espera todo. Yo me contento con el hoy, prefiero sentir plenamente el presente, dejar que me atraviese en delicada caricia flor de un día, único como es, irrepetible, recién hecho en el horizonte rojo del Sol.

Decía Jorge Manrique aquello de que "Las vidas son los ríos...". Quizá por eso me gustan los ríos, porque se asemejan a la vida y la vida me gusta. Quiero planes de futuro a corto plazo, quiero detenerme en el lindero, mirar en derredor, parar la vista en aquellos puntos más lejanos que, por más distantes, no suelen ser objetivo de nuestra contemplación. Para ello, me detendré cuantas veces sean necesarias, y guardaré silencio y escucharé las voces y los sonidos que envuelven mi pedacito de mundo. Cuantas veces sean necesarias. Y mostraré entereza en los momentos de prueba, porque con la vida vienen y te hacen más fuerte.

Qué benéfico ese tiempo en que una puede detenerse a pensar y se da cuenta de que con lo que tiene le basta, y cada día que pasa es más consciente de que sus pasos la llevan por el camino que un día deseó recorrer, de que pese a los tropiezos y gracias a la voluntad y a la casualidad, está saboreando la vida en el punto justo de sazón. Abro un nuevo tiempo, un tiempo de estreno, de colores vivos, de sonidos blancos, de palabras sanadoras, de risas francas. Acabo de probármelo y es mi talla. Me queda perfecto.

sábado, 18 de julio de 2015

Antonio José López Serrano: "Los caballeros de Valeolit. Primera parte: Los hijos de Pelayo".

        Un día -pongamos un 23 de abril de 2015-, un amigo te regala un libro que se titula "Los caballeros de Valeolit. Primera parte: Los hijos de Pelayo" y tú lo agradeces encantada, primero, porque te lo regala él y, segundo, porque qué mejor que te regalen un libro en la fecha en que se celebra El Día del Libro. Y tú le dices que lo leerás. Y tu amigo te dice que su autor es un compañero de profesión y que, además, ha tenido la deferencia de dedicártelo. Y lo abres, y lees la dedicatoria. Y te gusta. Y luego, lees la solapa, para enterarte un poco de quién es. Ves su foto, a todo color, en un lugar que conoces y reconoces, Las Médulas (León). Y lees: "Antonio J. López Serrano nació en Valencia en 1968 y vive en Valladolid desde 1979, donde ha desarrollado casi toda su vida personal y profesional...". Y aún te entran más ganas de comenzar a leer.
        Y, esa misma noche, das comienzo a la lectura de "Los caballeros...", y descubres que te atrapa. De la mano del escritor reconoces tu propia Historia porque los lugares donde tiene lugar esta impresionante historia -Carrión de los Condes, León, Valladolid, Toledo-, te son cercanos y bien conocidos, tanto como los nombres de los personajes históricos que aparecen: el rey Fernando I, sus hijos -Sancho, Alfonso, Urraca, Elvira, García-, Rodrígo Díaz de Vivar, el conde Ansúrez, el conde de Carrión...
        Sin embargo, y aún cuando estos personajes aparecen por toda la novela y con gran presencia, los protagonistas no son reales o, al menos, no que sepamos. Quienes mandan en la novela son Nuño y Fernando, dos adolescentes, hijos de un sencillo herrero y nietos de un antiguo servidor real como soldado, ajenos a la nobleza y siervos de ella, que encarnan todos los buenos valores que desearíamos ver en cualquier persona y reconocer en nosotros mismos: la honestidad, la bondad, la fidelidad, el honor, el valor y el sentido de la responsabilidad. 
        Ellos son el hilo conductor que nos lleva de viaje a través de tiempos y espacios del siglo XI, pero que parecen de ahora mismo. Se mueven por tierras de cristianos, musulmanes y judíos, se pasean por mercados que aún hoy, después de diez siglos, se siguen celebrando en las mismas plazas y calles; luchan por defender a aquél a quien sirven y para subir puestos en el estamento feudal, consiguiendo ser nombrados caballeros por su lealtad a sus señores, sobre todo, a su rey.
        Y cuando finalizas la lectura del libro, lo haces con la sensación de haber aprendido, de haber disfrutado y de haber entrado de lleno en la época que Antonio José López Serrano ha construido sobre papel. Sus citas históricas son precisas y están tan finamente cosidas como trasfondo de la narración, que da gusto leerle. Y eso es lo más importante para ti, que ha sido un verdadero placer leerle. Y quieres más y sabes que el libro es el primero de una trilogía. Y decides que el segundo y el tercero, van a ser tus futuras lecturas en cuanto hayan visto la luz. 
        Y al cabo de un par de meses, te enteras, también por tu amigo, de que a Antonio José López Serrano le han otorgado el Premio "Miguel Delibes" de narrativa por su novela "Los caballeros de Valeolit". Y piensas: pues sí, premio merecido. Y lo que te sale es dedicarle una entrada en tu blog personal, que, aunque no goza de muchas visitas, las que tiene, son buenas y se agradecen. Y lo que harás a continuación será esperar a que "Lealtad y promesa" y "El testamento de la reina Sancha", estén listos para llevar y enterarte así de la historia completa de "Los caballeros de Valeolit".


PD.:  Gracias, Javi.                                                                               rmbprr, julio de 2015


@topitocava
https://topitocava.wordpress.com/
Entrega del Premio Miguel Delibes de Narrativa 2015: https://topitocava.wordpress.com/2015/06/20/entrega-del-premio-miguel-delibes-de-narrativa-2015/

domingo, 2 de noviembre de 2014

Escribir

Comenzar a leer un relato y no encontrar en su sitio aquellos signos ortográficos necesarios para que las frases tengan sentido y sean coherentes, es, en los últimos tiempos, más habitual de lo deseado. La forma de comunicación a través de las redes sociales es la excusa fácil para dejar a un lado las normas que la expresión escrita requiere. Palabras abreviadas, incompletas, tildes que desaparecen por arte de magia... Tal circunstancia ha hecho que tome una decisión, que no es otra que dejar de leer cualquier escrito en el momento justo en que su autor haya omitido las imprescindibles reglas ortográficas, incluso si es en la primera palabra del primer párrafo. Se trata de escribir, y hacerlo, tiene sus reglas. La mía es respetarlas, utilizarlas y seguir a quien también lo haga. Para escribir, primero hay que leer, leer mucho, leer siempre con el fin de aprender a asentar las ideas en el papel de forma correcta. Atraeremos más a otros lectores, como nosotros, si les hacemos ver que nos esforzamos y que conocemos el terreno. Ellos nos respetan, por tanto, respetemos su inteligencia haciendo las cosas bien.