Turismo, ergo cultura. Pues sí. A casi todos, por no decir a todos, nos gusta hacer turismo, viajar, movernos, dejar por unos días o por unas horas nuestros quehaceres, nuestras obligaciones, nuestras responsabilidades, y perdernos en ese lugar al que llegamos por primera vez o en ese otro lugar especial en el que nos gusta perdernos de vez en cuando.
Cerca o lejos, el asunto es viajar. Unos se vuelven locos por tumbarse en una playa al sol y olvidarse de todo; otros optan por calzarse las botas, golgarse la mochila y caminar sendero adelante. Hay quien desea saborear el cansancio que provoca el ascenso a una montaña, cualquier montaña, en cualquier sitio, y contemplar desde la cima cómo el sol se esconde rojo y busca el reposo del guerrero. Algunos recorren monumento tras monumento y lo desgastan a base de flashazos. Y otros, entre los que me cuento, prefieren desgastar las suelas recorriendo calles al azar en busca de nada, sorprendiéndose con lo que se encuentran y disfrutándolo.
